Al fin vencí la inercia de amarte, el hastío de dar vueltas en bucle, la desnutrición emocional que provoca fallarse a uno mismo. Y aunque tengo mis costillas marcadas, un poco de estupor, miedo, sobre todo miedo, pero no a ti, ni a mi, ni a nadie. Sino a la sensación nueva que es sentirse viva. A la libertad que todos sueñan y que puedo saborear. A ese momento en que abrir los ojos se volvió más emocionante que soñar despierto.
Al compás de las canciones de Drexler y los poemas de Shakespeare, que no sé si están fielmente traducidos, pero ahí van... Calando hasta el fondo. Recuerdo cuando le recitaba a mi amado que su verano duraría para siempre, y cuando mi corazón se desocupó/ocupó nuevamente y juraba que al fin lo que sentía era real, sin un dolor que me rompiera las vertebras. Gracioso cuando uno jura amor para siempre y termina con 10 musas diferentes, pero quizás no mentimos y lo que sentimos es para siempre, dedicado al éter y las deidades de amor perenne.
Al fin logré salir de cuidados intensivos Causa: Limerencia extrema por tus encantos. No te culpo, eres adictiva, fresca, intocada, yo un débil pseudo-romántico con la esperanza desdoblada. Obligado a tu equidistancia, a tus síes y noes. Apostando a la ligera probabilidad de que me notes. No te culpo, soy introvertido, insípido y algo torpe, tú un espectáculo andante, una escena sin interrupciones.
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